De Reyes a Candelaria: ritos invernales franceses que te fascinarán

De Reyes a Candelaria: ritos invernales franceses que te fascinarán

El período que va desde la Epifanía, el 6 de enero, hasta la Chandeleur, el 2 de febrero, marca el final de las fiestas navideñas en Francia con unas tradiciones populares de invierno muy especiales. Más allá de la famosa «galette des rois», existen otros ritos y costumbres llenos de significado que conectan estas dos importantes fechas del calendario. Si quieres conocer qué se celebra exactamente y cómo puedes atraer la buena suerte con unas simples crêpes, tienes que seguir leyendo.

La epifanía y su galette des rois: ¿quién encontrará el haba?

El Día de Reyes en Francia tiene un sabor muy característico, el de la «galette des rois». Esta tradición culinaria celebra la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar, y es la protagonista indiscutible de las mesas francesas durante casi todo el mes de enero.

Aunque existen variantes, la más popular es la galette de hojaldre rellena de frangipane, una deliciosa crema de almendras. En el sur de Francia, es más común el «gâteau des rois», un brioche con forma de corona y frutas confitadas, muy parecido a nuestro Roscón de Reyes.

Pero lo verdaderamente emocionante de esta costumbre es el juego que la acompaña. En el interior de la tarta se esconde una pequeña figura de porcelana, la «fève», que es el equivalente al haba del roscón en España. ¡Aquí empieza lo divertido!

La tradición manda que la persona más joven de la casa se esconda debajo de la mesa para repartir las porciones a ciegas, asignando cada trozo a una comensal. Quien encuentra la «fève» en su porción es coronada al instante como rey o reina del día y debe llevar la corona de cartón que siempre acompaña a la galette. Además, según la costumbre, la persona afortunada será la encargada de traer la galette en la siguiente reunión.

La chandeleur o el día de las crêpes: una tradición para atraer la suerte

Cuarenta días después de Navidad, el 2 de febrero, Francia se despide definitivamente de las fiestas con la «Chandeleur», nuestra Fiesta de la Candelaria. Y si hay algo que define esta fecha en todo el país es un olor inconfundible: ¡el de las crêpes recién hechas!

Esta costumbre tiene raíces muy antiguas, vinculadas a celebraciones paganas que festejaban la fertilidad de la tierra y el fin del invierno. La forma redonda y el color dorado de las crêpes simbolizaban el sol y el regreso de los días de luz, una especie de homenaje para asegurar una buena cosecha en el futuro.

Pero la tradición no consiste solo en comer crêpes. Para atraer la prosperidad, existe un ritual muy extendido. Tienes que sostener una moneda de oro (o una moneda cualquiera, ¡no te preocupes!) en la mano con la que escribes mientras, con la otra mano, le das la vuelta en el aire a la primera crêpe en la sartén.

Si consigues que la crêpe aterrice perfectamente de nuevo en la sartén, ¡enhorabuena! Se dice que tendrás un año lleno de suerte y dinero. De hecho, algunas familias guardan esa primera crêpe (con la moneda dentro) en lo alto de un armario hasta la Chandeleur del año siguiente para proteger el hogar.

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El simbolismo de la luz que conecta estas dos celebraciones invernales

Puede que parezcan dos fiestas separadas por casi un mes, pero la Epifanía y la Chandeleur están unidas por un poderoso hilo conductor: el simbolismo de la luz. Ambas marcan un punto de inflexión en el calendario, celebrando el triunfo progresivo del día sobre la noche tras el solsticio de invierno y sirviendo como auténticas fiestas de la luz.

La Epifanía, que conmemora la visita de los Reyes Magos, es una celebración de la luz como guía. La Estrella de Belén, un faro en la oscuridad, los condujo hasta Jesús, simbolizando la revelación o «manifestación» de lo divino al mundo. Es el inicio de un camino iluminado que cierra el ciclo litúrgico de Navidad.

Por su parte, la Chandeleur está intrínsecamente ligada a la luz, ¡su nombre viene de «chandelle» (vela)! En su vertiente religiosa, conmemora la Presentación de Jesús en el Templo, donde es reconocido como «luz para alumbrar a las naciones». De ahí viene la tradición de bendecir las velas bendecidas que protegerán el hogar durante el año.

De este modo, el período que va del 6 de enero al 2 de febrero representa un viaje simbólico. Pasamos de la luz que guía (la estrella) a la luz que renace y promete calor (el sol, representado por las crêpes), cerrando definitivamente el fin de las fiestas navideñas y abriendo la puerta a la esperanza de la primavera.

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