La Foire du Trône no es solo un parque de atracciones temporal, es la feria más antigua de París y un pilar de la cultura popular francesa. Su historia comienza hace más de mil años, mucho antes de las luces y las atracciones mecánicas que conocemos hoy. Acompáñame a conocer el increíble viaje de esta fiesta popular, desde sus humildes orígenes como mercado medieval hasta convertirse en el gran evento que atrae a multitudes cada primavera.
- El origen medieval: un edicto real que inició más de 1000 años de tradición
- De la abadía Saint-Antoine a la Pelouse de Reuilly: el viaje de la feria por la ciudad
- La evolución de una fiesta popular: del pan de especias a las atracciones mecánicas
- Un pilar de la cultura parisina que se renueva cada primavera
El origen medieval: un edicto real que inició más de 1000 años de tradición
Para encontrar el origen histórico de esta celebración, tenemos que viajar muy atrás en el tiempo, concretamente al año 957. No había ni norias ni montañas rusas, sino una París muy diferente. Fue el rey Lotario, parte de la monarquía francesa carolingia, quien firmó el documento que lo empezó todo.
El edicto real no buscaba crear un evento de entretenimiento, sino ayudar a una institución religiosa. Concedió a los monjes de la poderosa abadía de Saint-Antoine-des-Champs el derecho exclusivo a vender un producto muy especial durante la Semana Santa. Este permiso sentó las bases de lo que se convertiría en una de las tradiciones parisinas más longevas.
¿Y qué vendían? El famoso pain d’épices o pan de especias. Durante dos días, solo la abadía podía comerciar con este manjar, convirtiendo el evento en un importante punto de comercio medieval y una cita obligada para los parisinos de la época.
De la abadía Saint-Antoine a la Pelouse de Reuilly: el viaje de la feria por la ciudad
Como te puedes imaginar, un evento con más de mil años de historia no ha permanecido siempre en el mismo sitio. El crecimiento de París y de la propia feria la obligaron a mudarse en varias ocasiones, adaptándose a los nuevos tiempos y espacios de la capital. Cada ubicación forma parte de su increíble legado cultural.
Durante siglos, se celebró en los alrededores de su lugar de origen. Pero su popularidad creció tanto que, en el siglo XIX, se trasladó a un espacio mucho más grande: la actual Plaza de la Nación (Place de la Nation). Fue aquí donde recibió su nombre actual, «Foire du Trône», en honor al trono que se instaló en esa plaza para recibir a Luis XIV y su esposa tras su boda en 1660.
Finalmente, en 1964, las necesidades urbanísticas y el intenso tráfico de París provocaron su último gran traslado. La feria encontró su hogar definitivo en la Pelouse de Reuilly, en el linde del bosque de Vincennes. Este enorme espacio verde le permite desplegar todas sus atracciones y acoger a millones de visitantes, manteniendo vivo un importante patrimonio parisino.

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La evolución de una fiesta popular: del pan de especias a las atracciones mecánicas
Lo que empezó como un modesto mercado de pan de especias no tardó en transformarse. Con el tiempo, al olor de la canela y el jengibre se unieron los gritos de los saltimbanquis, la música de los organillos y el murmullo de una multitud que ya no solo acudía a comprar, sino a divertirse. La feria se convirtió en el gran punto de entretenimiento en París, un lugar donde ver y ser visto.
En el siglo XIX, la revolución industrial lo cambió todo. A los puestos de comida y los juegos tradicionales se sumaron las primeras maravillas mecánicas. Aparecieron los tiovivos de caballos de madera, las casetas de tiro y los espectáculos de curiosidades que dejaban al público con la boca abierta. La feria se estaba convirtiendo en un verdadero parque de atracciones itinerante.
Hoy, la Foire du Trône es un despliegue de tecnología y adrenalina, con atracciones mecánicas que desafían la gravedad. Sin embargo, nunca ha perdido su alma de fiesta popular. Junto a las montañas rusas más modernas, siguen presentes los puestos de gofres, crepes y manzanas de caramelo, un delicioso guiño a su herencia y a la gastronomía francesa más festiva.
Un pilar de la cultura parisina que se renueva cada primavera
La Foire du Trône es mucho más que un evento anual; es una cita ineludible que marca el ritmo de la vida en París. Cada año, con la llegada del buen tiempo, esta feria de primavera renace, demostrando una vitalidad que desafía su larguísima historia. Para muchas familias parisinas, visitarla es una tradición que se transmite de abuelas a nietas, un auténtico rito de paso.
Su éxito reside en su capacidad para unir a la gente. En sus pasillos se mezclan visitantes locales y turistas, creando un ambiente festivo único donde las risas y la emoción son el idioma universal. Es un espacio de encuentro intergeneracional, lleno de actividades familiares que fortalecen los lazos y crean recuerdos imborrables.
A pesar de sus más de mil años, la feria no es una pieza de museo. Es un organismo vivo que sabe reinventarse, incorporando las últimas novedades sin olvidar sus raíces. Esa mezcla de nostalgia y modernidad es lo que la convierte en un pilar fundamental de la cultura francesa, un tesoro que París comparte con el mundo cada primavera.
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